Cuando se habla del miedo a envejecer no sólo se tienen en cuenta los factores externos como las arrugas o el pelo canoso sino también las dolencias internas ya sean artrosis, reuma, artritis u osteoporosis. Son muchos los ungüentos y pócimas que se han vendido como el elixir de la eterna juventud que nos previene de todos estos males, todos ellos sin ningún éxito. Hasta que a mediados del siglo XIX a un médico alemán, Werner von Siemens, se le ocurrió usar ozono (O3) como terapia y con el que a través de un tubo de inducción destruía todo tipo de microorganismos. Surgía así la Ozonoterapia como especialidad médica que se basa en el uso de las propiedades curativas que tiene el ozono en el tratamiento de muchas enfermedades.
Con el paso del tiempo la técnica se ha ido perfeccionando y popularizando hasta llegar a nuestros días. Pero antes de nada conozcamos un poco mejor al protagonista. Lejos del típico gas que conocemos cuya función es proteger a la Tierra de los rayos ultravioleta, el ozono puede también emplearse como un fármaco con efecto antinfeccioso y antinflamatorio llegando a estimular y fortalecer nuestro sistema inmunológico y aportándole una gran energía y vitalidad en forma de oxígeno enriquecido. Es por ello que el Ozono Médico (O2 O3), que es el que se utiliza en estos casos, sea la base fundamental de un buen tratamiento anti-envejecimiento. Asimismo el ozono tiene otras diversas funciones en el campo médico:
- Acción fungicida
- Acción bacteriana
- Activador circulatorio
- Modelación y estimulación del sistema inmunitario
Es por ello, que con tantos beneficios como tiene este gas sean muchas sus aplicaciones terapeúticas que pueden ir desde parkinson, hasta úlceras, pasando por cistitis o cataratas. Sin embargo una de las más populares en la actualidad es su aplicación como terapia para evitar el envejecimiento, o lo que se conoce como medicina anti-aging. Ésta busca aportar a sus pacientes un envejecimiento saludable, sin limitaciones o discapacidades, potenciando al máximo la vitalidad de nuestro organismo, y eliminando todo lo posible los principales responsables de que nuestro cuerpo envejezca, tanto por fuera como por dentro, que son los radicales libres (productos de desecho de nuestro metabolismo). Factores como el stress, una mala alimentación, los tóxicos, la vida sedentaria y el propio envejecimiento favorecen la aparición de los radicales libres. De esta manera el ozono no sólo se encarga de eliminarlos sino que es capaz de multiplicar la capacidad de nuestro organismo para que los elimine por su cuenta y de una manera más eficaz.
Existen diferentes modos de aplicación del ozono en función de la patología que se quiera tratar. Por un lado se puede infiltrar en la articulación o intramuscularmente para enfermedades reumáticas o artríticas. Y por otro, para desinfectar o cicatrizar se puede aplicar directamente sobre la piel.
El ozono no es más doloroso que la inyección de cualquier otro fármaco, y es una práctica médica muy segura, comprobada y estudiada en hospitales de todo el mundo y perfectamente legislada en nuestro país. Además en muchas ocasiones esta terapia viene acompañada de otra técnica novedosa capaz de regenerar las articulaciones desgastadas gracias al uso de los factores de crecimiento plaquetario o plasma enriquecido. Esta sustancia se encuentra en nuestra sangre y se puede extraer con gran facilidad para después infiltrarla en una rodilla o cadera artrítica, por ejemplo. De este modo, el resultado de la ozonoterapia es aún mejor ayudando a eliminar el dolor, la rigidez y las limitaciones del paciente.
De esta manera, se deduce que para conseguir esa mayor longevidad y un envejecimiento más saludable que todos deseamos, los expertos aconsejan utilizar a parte de la ozonoterapia, otra serie de técnicas como serían la micronutrición, la homeopatía y la hormonoterapia.
