Las altas temperaturas veraniegas provocan que nuestras glándulas sudoríparas segreguen más líquido de lo normal. Este proceso de transpiración se concentra principalmente en las axilas, las palmas de las manos y las plantas de los pies, pero no se da de igual manera en todas las personas ni en todas las épocas del año.
El objetivo principal del sudor, que es la acumulación de las toxinas que expulsan las glándulas sudoríparas, es regular la temperatura corporal. Su excreción es de vital necesidad y por ello es imprescindible renovar la cantidad de agua de nuestro cuerpo siendo al menos 2 litros diarios la cantidad ideal.
Cuando el sudor que expulsan nuestras glándulas es excesivo es el momento en el que la necesidad se convierte en un problema. La hiperhidrosis, que es como técnicamente se conoce, está relacionada con una hiperactividad de las fibras simpáticas y el aumento de la respuesta periférica sudomotora. Puede aparecer como un síntoma de ansiedad idiopática, neuropatía periférica, endocrinológicas (hipertiroidismo, feocromocitoma, menopausia), por la ingesta de algunos fármacos (anticolinesterasa, pilocarpina, tranquilizantes), de tóxico-metales u otras enfermedades tales como Parkinson, hipoglucemia, lesiones medulares o síndrome de Horner.
Dentro de los diferentes tipos de hiperhidrosis, nos vamos a centrar en la plantar, que a pesar de parecer un gran problema de solucionar, es fácil de tratar. Asimismo, socialmente provoca una situación de malestar en quien lo padece evitando mostrar sus pies y causando malos olores. Para prevenir su aparición, los podólogos recomiendan el uso de algodón, evitar la ingesta de café, alcohol o productos picantes y cambiar de calzado varias veces al día.
En caso de notar un exceso de sudor existen diversas maneras de tratar el problema. Tanta humedad en los pies hace que la piel se ablande y sea más propensa a coger cualquier tipo de infección fungal, por ello al menor síntoma de irritación es conveniente acudir a un especialista que evalúe la situación. A través de desodorantes o antitraspirantes se consigue reducir el flujo por medio de la obstrucción transitoria del conducto. Otras medidas son las terapeúticas farmacológicas (anticolinérgicos, betabloqueantes, psicotrópicos, aluminio, cloruro, zirconio, tetrahidróxido o salvia) e iontroforesis, que es una terapeútica física que consigue reducir el exceso de sudor a través de introducir en el área afectada una sustancia ionizable mediante una corriente galvánica.
A pesar de que estos tratamientos son bastante efectivos, sólo sirven para disminuir la cantidad de sudor. Por ello, como la opción más eficaz para acabar con el problema por completo aparece la cirugía. Pero esta se da en casos extremos y como última alternativa. La intervención consiste en una ablación selectiva de los gángleos simpáticos de las plantas de los pies. Otra opción es la inyección de botox para bloquear la liberación de aceticolina en las uniones entre los nervios y las glándulas inhibiendo la producción de sudor.
Una vez más, la cirugía se presenta como el método más eficaz, aunque en este caso hay que tener en cuenta que como efecto secundario puede aparecer la sudoración compensatoria en otras áreas como abdomen, región lumbar y piernas. De esta manera es conveniente estudiar previamente la situación para ver si compensa o no pasar por el quirófano.

