Con la llegada del periodo estival una de nuestras peores batallas, sin duda, es elegir un calzado cómodo, bonito y al mismo tiempo, adecuado.
Y es que la mayoría de las veces anteponemos la moda y la estética a lo que, en realidad, sería más razonable.
Ahora que la presencia del calor nos obliga a guardar los zapatos cerrados en el fondo del armario para dar paso a un calzado más abierto, debemos tener en cuéntalos problemas que por lo general, se repiten cada año para tratar de evitarlos.
Solemos olvidar que los pies cargan con todo el peso del cuerpo y por tanto, si el calzado no asegura una buena sujeción del pie, tanto en la zona del tobillo y del talón (parte trasera del pie) como en la región del metatarso (zona delantera), pueden producirse incluso caídas, torceduras o esguinces.
Asimismo, aunque el zapato de verano esté fabricado con material suave, es obvio que al desprendernos de los calcetines los pies son más susceptibles de sufrir indeseadas y constantes fricciones, con la consiguiente aparición de rozaduras, heridas y ampollas.
Para evitarlo es importante mantener una buena hidratación de los pies existiendo en el mercado multitud de cremas específicas para ello ya que además, en esta época del año, los pies se resecan mucho y pueden aparecer con facilidad durezas y callosidades, resultando especialmente útil poner vaselina en aquellas partes más propensas al roce, como pueden ser los talones, los dedos o el tobillo, pues actuará como lubricante formando una capa protectora.
Este remedio también puede aplicarse para evitar la excesiva sudoración que provoca la elevada humedad, si bien también podemos recurrir al uso de polvos de talco, sobre todo, entre los dedos.
Por último, conviene recordar que si nuestros pies no están en perfectas condiciones no podremos disfrutar, por completo, del verano.
Clínica Novosalud

