1414088_32708912Malos hábitos como fumar o beber alcohol, llevar una vida sedentaria, no seguir una dieta equilibrada y estar expuesto a situaciones continuas de estrés dejan rastro en nuestro cuerpo en forma de radicales libres, pequeñas partículas químicas perjudiciales para nuestro organismo y causantes en gran parte de la aparición de diversas enfermedades y de un envejecimiento prematuro.
El simple acto de respirar produce radicales libres. Cuando respiramos, introducimos oxigeno a nuestro cuerpo, el cual es utilizado en un 95% por las células para producir energía y el restante origina las partículas oxidativas.
Nuestro cuerpo hace frente a la presencia de radicales libres a través de un sistema propio llamado sistema antioxidante. Pero si la cantidad de radicales libres producida es muy elevada, nuestro sistema antioxidante no puede neutralizar el exceso y los radicales libres comienzan a afectar a nuestras células provocándoles daños más o menos graves y produciendo el conocido como estrés oxidativo.
El estrés oxidativo supone un envejecimiento de las células y de sus tejidos que evidencian señales externas como el envejecimiento prematuro de la piel.

Consejos para evitar la oxidación del organismo y frenar el envejecimiento

Practicar deporte de forma moderada ya que practicar excesivo deporte conlleva a la aparición de un mayor nivel de radicales libres. Al aumentar el consumo de oxígeno, también lo hace la producción de radicales libres. Es importante practicar deporte con moderación ya que la vida sedentaria también beneficia el desarrollo de partículas oxidativas.
Evitar el estrés psíquico y físico ya que aumenta y acelera la generación de radicales libres. Estar expuestos a continuas situaciones estresantes afecta internamente a nuestro organismo y termina reflejándose externamente en nuestro cuerpo.
Eliminar el consumo de alcohol y de tabaco y llevar una alimentación equilibrada en nuestra vida diaria.
Evitar en la medida de lo posible ambientes muy contaminados y una exposición prolongada al sol. Está demostrada la relación directa que existe entre el sol y el desarrollo de radicales libres en nuestro cuerpo.
Además, casi todas las enfermedades conllevan valores elevados de radicales libres. Así, la hipertensión, la artritis reumatoide y la artrosis, entre otras suelen estar vinculadas al desarrollo de radicales libres.
Por ello, estas partículas oxidativas suponen un factor de riesgo importante que necesita medición y control médico. Sólo así y en caso de que fuera necesario, los especialistas pueden determinar el tratamiento más adecuado para eliminarlos a base de sustancias antioxidantes, micronutrición, ozonoterapia o terapias antiaging.