Si a las agresiones de la vida cotidiana sobre nuestra piel le sumamos, durante el verano, una mayor exposición al sol, el agua salada del mar, el cloro de las piscinas, la falta de hidratación debida a la sudoración y el abuso en el consumo de tabaco y alcohol, las consecuencias no pueden ser peores.
Podemos hablar de un envejecimiento prematuro de la piel con la aparición de manchas, arrugas y células muertas que quedan, así, acumuladas proporcionando un aspecto apagado y áspero al tacto.
Justo ahora que comienza el buen tiempo es un momento especialmente indicado para prestar más atención a estos problemas y buscar una solución antes de que se produzcan dichos resultados.
Una buena alternativa sería la aplicación de un peeling cutáneo, ya que además de favorecer la eliminación de las células muertas prepararía nuestra piel para asimilar mejor cualquier tratamiento que comencemos en este sentido favoreciendo, además, un bronceado bonito y uniforme.
Con esta exfoliación logramos desprendernos, pues, de la piel ya dañada y promovemos su regeneración, así como la producción de colágeno. De esta forma, la piel recupera brillo, elasticidad, firmeza, luminosidad y frescura.
El peeling puede ser superficial, medio o profundo, correspondiendo al especialista determinar el tipo más apropiado para cada persona en función de su tipo de piel y del problema a tratar, si bien durante la época estival se recomiendan los peelings muy suaves, siendo frecuente la aplicación, en estos casos, de ácido láctico (sobre todo para pieles secas y deshidratadas) y ácido mandélico (muy efectivo para pieles sensibles y con problemas de acné).
En cualquier caso, es fundamental completar la función del peeling con una buena protección e hidratación de la piel, recurriendo a una amplia gama de mascarillas que no sólo relajan sino que también purifican y aportan a la dermis las necesarias vitaminas para lucir, de nuevo, tersa, suave y en otras palabras, rejuvenecida.




